viernes, 16 de octubre de 2009

V N # 4 octubre de 2009: Diego Gareca Figueroa

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MIRARTE

Mirarte desde aquí, aguzada y descaradamente
es contemplar cada minucia de tu existencia
y reconocer en ello un poema mudo,
sin letras, sin vueltas y sin mas arte que
el de nuestra madre naturaleza.
Mirarte desde aquí, fina y quiméricamente
es absorberte en cada parpadeo vibrante
y detener infinitamente el doblez curvado de tus pestañas.
Es delinear con mis ojos los pliegues de tu risa
y hasta hurtar sin compasión uno que otro
desliz descuidado de tu pelo.
Mirarte desde aquí, mi niña, es transgredir
las leyes del espacio y de la intimidad,
es asesinar sin escrúpulo alguno
las moléculas de aire que nos distancian
sin otro propósito ni mas firme, ni mas noble
que incorporarte a mi ecosistema de una buena
vez por todas, haciendo el uso más práctico
de los insuficientes recursos que me han quedado.
Mirarte desde aquí, implica sin duda alguna
tener certeza de que te sabes cubierta
y hasta asediada, frente a la osadía de mis pupilas,
es obviar el esquivo de tu mirada, y alegar
que aunque te esfuerces en saberme espectro
yo tendré por certeza que has advertido mi tarea
pues, al voltearte y burlar mis ojos, me lo has dado a conocer.
Mirarte desde aquí, en definitiva, es nutrirme el alma
y entregártela también, es abrir las ventanas mas recónditas
de mi existencia, y recostar tu imagen en mi lecho.

Por último y sin más preámbulo posible

Mirarte desde aquí, es, tan solo, lo único que me queda cuando:

Tu boca no me besa

Tu mano no me toca

Y tu voz, indudablemente, ya no me invoca.


NO ME JUZGUES

Aunque jamás hayas pecado, no tires esa piedra,
ni me mires con ojos custodios, pues soy un preso libre.
Si malgastas tus horas en las mías, y te ciñes los párpados
cuando yo abra los míos, solo serás el espejo reverso de mis pasiones.
No me Juzgues.
No inventes profecías inocuas donde yo calle,
ni calles para ser pretil de mis palabras…
No midas mis promesas en tu lecho, ¡maldito Procusto!,
no te enjugues la boca de mis males,
no te busques entre mis mártires,
ni aplaces tu honestidad de espaldas.
No me mires, no me toques, no compartas mis aires,
no te desarmes de celos cuando me veas pasar conmigo,
cuando te vierta la mirada esquiva,
o cuando busques tu llama en mis ojos,
y solo encuentres mares, y soledad.
Pero antes que nada, y sobre todo,
No me juzgues, no fastidies mi consuelo,
soy el procaz hijo de Adán…
El maldito fruto de Eva.


SOBRE EL AUTOR:

Con hebras de oro que acorazan sus sienes, mientras sacude su pipa cuando no está preparando un buen blues con una armónica que hace de lata, o empuñando una pluma, cuando no sacude a rasgos imponderables su fina guitarra, de algún lugar de su centro, de algún río metafísico, de la boca de algún licor o de alguna mujer afiebrada, desde la profundidad del volcán, desde las derivas que bifurcan su pesada carroza, canta a la vida y a la muerte por igual, a un dios en el que no cree, a una suerte desafortunada.
Así vive, se desvive y de a poco muere soñando que ya no es el poeta que ya no puede dejar de ser, y despierta y cuenta con fervor a y con este amigo que ya no puede dejar de ser su compañero de batallas y letras.
Esta no es su biografía, amigo, es su necrografía, o es un poco de ambas: un rubicundo héroe que se desvive por su familia, sus amores, amistades y poemas.
Por usted brindo con esta copa que compartiré seguro con usted.

Diego Marcelo Gareca Figueroa es su nombre completo con el que se hace conocer. Participó bajo el seudónimo de Menelao en
www.metroflog.com/tring, y fue seleccionado por la editorial Dunken para formar parte de una antología literaria junto a otros escritores nóveles. Esta es una muestra de la voz potente de su pluma.

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